Traumas
Un trauma es el resultado de sufrir un tipo de evento o experiencia angustiosa y terrible que impacta en la capacidad que tiene una persona para afrontar esa situación y funcionar de una manera adecuada. La reacción de shock y la negación son respuestas típicas a un suceso así.
Lamentablemente, son muchas las personas que experimentan a lo largo de su vida algún tipo de acontecimiento traumático que pueden ser de diferente naturaleza. Cuando esto ocurre y la persona se encuentra seriamente abrumada, es normal sentirnos en shock o negar lo sucedido.
Esto provoca daños significativos a nivel:
- Emocional
- Físico
- Psicológico
Si imaginamos cómo se desarrolla el acontecimiento traumático puede ser de forma aguda, con un alcance y duración limitada en el tiempo. O bien, éste puede suceder de forma continuada y extenderse a lo largo del tiempo. También hay otros tipos de traumas que pueden llegar a pasar desapercibidos como generado por un mal parto o por una cirugía.
El impacto emocional que una persona sentirá frente a una experiencia traumática puede ser muy diferente en cada persona y esto se explica porque cada persona es un mundo y hace que no respondamos frente al mismo hecho de una manera única.
Aunque de manera orientativa, es factible que todos nos sintamos descolocados y experimentemos toda una serie de reacciones naturales al hecho de haber experimentado un trauma. Simplemente disponer de un espacio para comprender que la reacción física y emocional que estoy experimentando es consecuencia de haber sufrido un hecho traumático puede ser de una gran ayuda.
¿Cuándo hablamos de Trastorno por estrés postraumático?
Para hablar de TPEP deben de cumplirse una serie de criterios, como el hecho de que estos síntomas persistan más allá de los primeros 30 días y cuando impacte de forma significativa en diferentes áreas de la vida que comprometan su autonomía, funcionalidad y satisfacción vital.
Escenarios más comunes que conducen a experiencias traumáticas
- Abuso
- Agresión
- Situaciones con violencia
- Lesión física
- Enfermedad grave
- Accidente de coche
- Ser testigo de un crimen, accidente o muerte.
- Muerte de un ser querido
- Divorcio
- Abandono familiar o parental
- Pérdida de trabajo
- Desastres naturales
- Acto de terrorismo
- Estancia en prisión
¿Cómo ayuda la psicología?
Hay muchos niveles de intervención posible. En primer lugar, es importante realizar una labor preventiva y para ello podemos aplicar técnicas psicológicas de primeros auxilios para lidiar con la pesada carga emocional de cara a transitar con mejores recursos psicológicos frente a hechos traumáticos abrumadores y terriblemente angustiosos. Por ejemplo: una persona que acaba de recibir la noticia del suicidio de un ser querido.
Cuando observamos que estas “reacciones” persisten en el tiempo, nos alertarán sobre una desadaptación y deberá buscar ayuda psicológica de forma inmediata. Su Psicóloga realizará primero una evaluación minuciosa para confirmar el diagnóstico y ya en un segundo momento seleccionar la intervención terapéutica más adecuada que dependerá de los síntomas que aparezcan y de su gravedad como consecuencia del trauma.
En su abordaje terapéutico se pueden emplear todo un conjunto de técnicas psicológicas que engloban el uso de psicoterapia, cuidado personal, técnicas de relajación, mindfulness o protocolo EMDR para trauma y estados disociados de conciencia o combinarlo con tratamiento farmacológico si fuera necesario.
La ayuda que se presta está orientada a integrar la respuesta emocional al trauma, a abordar el camino de la recuperación, así como prevenir o tratar cualquier problema de salud mental que aparezca dado que es muy frecuente que emerjan síntomas de ansiedad, depresión y trastorno por estrés postraumático crónico.
Reacciones más comunes que solemos experimentar
1
Pensamientos y recuerdos intrusivos: son muy frecuentes y es fácil que se disparen frente a estímulos que asociamos con el evento traumático. Pueden ser de lo más variopintos, por ejemplo: un olor, un sonido, una imagen, etc.
2
Hipervigilancia: es natural reaccionar sintiéndose más en guardia y consciente de su entorno. En realidad, lo que nos sucede es que después de sufrir un trauma nuestro sistema nervioso está mucho más sensibilizado y se dispara con mucha facilidad, de forma que activamos casi de manera automática nuestros mecanismos de supervivencia destinados a identificar potenciales fuentes de amenaza y peligro.
3
Hiperexcitación: una de la consecuencia de hallarse permanentemente “en guardia” es que estará más tenso y nervioso. Esto ocasiona que el sistema de alarma del cuerpo esté más alerta para responder a potenciales peligros.
4
Sentirse inseguro: una de las quiebras más importantes que se producen es en el sentimiento de seguridad porque nos cuestionamos la creencia básica de que el mundo es un lugar seguro. Una de las consecuencias es que comiences a sentir que cualquier situación o lugar es potencialmente peligroso cuando antes no lo era y empezar a desencadenar ansiedad anticipatoria. Será especialmente intenso en aquellas situaciones asociadas al evento traumático.