Ejercicio práctico:  “para” y orienta la brújula de la conciencia  hacia ti mism@.

Ejercicio práctico: “para” y orienta la brújula de la conciencia hacia ti [email protected]

El día señalado en que Lucía comenzó las anheladas vacaciones, ésta las recibió con un entusiasmo debilitado por la erosión del cansancio acumulado durante el año. El tiempo había volado, invisible y sagaz, y la vida parecía más que nunca un sueño brumoso. Sintió por un segundo que el titánico esfuerzo por sostener el trabajo ideal se había convertido en un monstruo aterrador que había colonizado secretamente su existencia.

Los primeros días, al detener la frenética actividad diaria, su cuerpo chilló con insistencia como los goznes oxidados de una puerta. Un dolor sordo y punzante atenazó sus entumecidas articulaciones y fue ganando terreno con persistente intensidad. Al contactar con su cuerpo Lucía se asustó porque no parecía ser el suyo, sino más bien el de un anciana, decrépita y achacosa. Fue, como si de golpe el futuro hubiera llamado a su puerta sin avisar y se enfadó severamente con ella misma por su apatía y su falta de energía. De repente, la asaltó el recuerdo vivo de la voz grave y severa de su fisioterapeuta advirtiéndola acerca de que las contracturas musculares de su cuello eran un reflejo exacto del estrés acumulado en su vida. Lo obvió.

Ahora al parar y sentir de nuevo su cuerpo, pensó que lo había tratado como un inquilino molesto al que no hay que hacerle excesivo caso o como un coche al que llevas al mecánico sin reparar en nada más. Se dio cuenta de que alimentó de forma inconsciente la creencia irracional de que ella era una Sansón, que podía con lo que la echaran y más.

La sorpresa del dolor agudo le regresó de golpe a la percepción y recortó un nuevo mapa de su cuerpo exhausto y magullado por tanta exigencia, ubicó músculos y articulaciones nuevas y se sorprendió mucho al ver cuán profundamente se hallaba desconectada de sí misma. Había expulsado del terreno de la conciencia no sólo su cuerpo sino también su alma, sus pensamientos y sus sentimientos ante los que parecía “no tener espacio ni tiempo” para explorarlos, descubrirlos y descubrirse a sí misma en ese ejercicio.

La experiencia de Lucía puede resultarnos familiar porque vivimos atrapados en una sociedad que permanentemente nos exige y nos sobreestimula y ésto tiene un coste muy alto para muchas personas.Sufrir estrés es una consecuencia lógica motivada en parte por nuestro estilo de vida y debemos esforzarnos en identificar sus causas para procurar gestionarlo de forma saludable y no pagar el alto precio de atentar contra la salud y empobrecer nuestra existencia.

Aprovechemos el tiempo vacacional para practicar el ejercicio de:
” PARAR”. Nos ayudará a calmar nuestras ansiedades y preocupaciones y a volver al terreno fértil de la percepción.

La percepción significa volverse consciente. Los órganos de los sentidos llevan conocimientos a la conciencia, que nosotros llamamos percepciones de los sentidos: contemplar con los ojos, escuchar con los oídos, oler con la nariz, palpar con los dedos y gustar con la lengua. Empecemos con estas percepciones sensoriales, porque son muy concretas y fáciles de entender.

Descubrirá además un tesoro mayor: permanecer en la percepción significa también permanecer en el presente. Al pasado y al futuro sólo podemos trasladarnos por medio de pensamientos y deseos. Lo que existe en este momento es el presente. El futuro todavía no ha llegado. Ser realista significa permanecer en el presente. Y no debemos olvidar, que percepción, conciencia, existencia y permanencia en el presente son prácticamente sinónimos.

Volvamos pues al presente desde la percepción para ampliar la conciencia profunda y vital de nosotros mismos.

Porque, ¿cómo plantearemos nuestra vida si habitamos en la ignorancia de nuestro ser y sin la brújula de nuestra conciencia?.



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